Las ideas nuevas siempre provocan problemas. El primer enemigo que tiene el avance de la ciencia pueden ser los propios científicos. A lo largo del siglo pasado, decenas de investigadores finalmente premiados con el Nobel vieron cómo sus primeros trabajos fueron rechazados por las revistas científicas. Peor aún, algunas de sus ideas eran tan innovadoras que, aunque consiguieron ser publicadas en alguna revista de tercera, la comunidad científica las rodeó de un pesado silencio.
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